EJÉRCITO NACIONAL

La evolución del Ejército

colombiano (1964-1998)

Armando Borrero Mansilla

Magíster en Seguridad y Defensa Nacional, Escuela Superior de Guerra

Especialista en Derecho Constitucional, Universidad Externado de Colombia

Sociólogo, Universidad Nacional

 

En 1964 se inició un nuevo ciclo para la historia del Ejército Nacional, debido al desarrollo de diferentes sucesos que marcaron esta época, entre los más destacados está la terminación de los últimos rezagos de la violencia desatada a finales de los 40 entre liberales y conservadores, así como la caída de los cabecillas supérstites de los llamados «bandoleros». En este año también se desarrolló la Operación Soberanía Gama, que dio comienzo a un momento diferente en la historia de las violencias colombianas del siglo XX. La cara política de este periodo, que llega hasta el presente, no es ya la vieja oposición de los partidos tradicionales, sino un enfrentamiento entre visiones completamente opuestas del mundo y de la sociedad. Por esto, la misión militar es, entonces, de contrainsurgencia, y el oponente es la guerrilla revolucionaria que busca un orden social y económico moldeado por una ideología socialista.

 

El Ejército había crecido desde 1948, cuando debió salir de los cuarteles para asumir misiones de control del orden público interno, hasta 1958, cuando se inició en firme el acuerdo bipartidista denominado Frente Nacional. Posteriormente, vino la crisis económica determinada por el desplome del comercio externo, la crisis cafetera, que implicó una reducción del tamaño de la Fuerza, y el Ejército era como siempre en la tradición colombiana, modesto en tamaño y equipos. De otro lado, la entrada en el período de contrainsurgencia no estimuló un cambio encaminado a dotarse de equipos y de potencia de fuego mayores, puesto que el conflicto interno no lo requería por las características de la guerra de guerrillas que se libraba, sobre todo en las fases iniciales, mediante enfrentamientos entre Unidades pequeñas con armamento apropiado para el caso; vale decir armas ligeras y con tácticas de infantería también adecuadas para teatros difíciles en términos geográficos.

 

El telón de fondo de este período fue la Guerra Fría, y difícilmente un conflicto local podía quedar fuera de la confrontación Este-Oeste típica del momento. En una primera etapa, el mando bajo el general Alberto Ruiz Novoa planteó un enfoque social y económico como marco de la actuación militar. Fue así como en lo propiamente militar se innovó, y una buena muestra fue el Plan Lazo, que implicaba una adaptación de la Fuerza a la guerra irregular. Sin embargo, otro sector militar tradicionalista, se apartó de este enfoque y el resultado fue la salida del ministro Ruiz Novoa. Luego siguió una etapa caracterizada por una autonomía militar relativa, relativa en el sentido de tenerla solo para el orden público, como un compartimiento estanco de poder, que desembocó en una evasión de responsabilidades por parte de sectores del Estado y de la sociedad. Una visión integral del conflicto se intentó años adelante, pero no pasó de actuaciones episódicas de acción civico-militar.

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Puede decirse que no hubo política militar claramente expresa y con continuidad en el tiempo, cada Gobierno llegaba con una formulación de paz o de represión, pero no la articulaba en un conjunto conceptual permanente. Entonces, los procesos de paz «voluntaristas» (Betancourt, Pastrana) fracasaron, y los «institucionales» (Barco, Gaviria) tuvieron éxitos con la desmovilización del M-19, el Epl y otros grupos menores.

 

No obstante, la falta de políticas empezó a cambiar de los años 90 en adelante. En el gobierno de César Gaviria, el Ministerio de Defensa retornó a manos civiles y se formuló una estrategia nacional contra la violencia, hubo más vinculación de la institucionalidad estatal a las cuestiones de seguridad, pero sin culminar la elaboración de políticas de seguridad y defensa del Estado.

 

En este período la Institución creció en tamaño de manera sostenida en la medida misma en que aumentaba la presión del conflicto, fue así como el Ejército renovó su equipo de manera lenta y con altibajos. Casi siempre los períodos de equipamiento coincidieron con tensiones externas. Así, en los gobiernos de Carlos Lleras (1966-1970) y Misael Pastrana (1970-1974) se renovó el armamento ligero, y en el de Julio César Turbay se adquirió equipo blindado, aún en servicio, en los gobiernos de Gaviria y Samper se hicieron cambios organizativos, las brigadas móviles, por ejemplo, y se adquirió equipo de vuelo para el nuevo cuerpo aéreo del Ejército.

 

El Plan Colombia, en el final del siglo XX y comienzos del XXI, permite un desarrollo importante en comando, control, inteligencia y comunicaciones, asimismo se amplía el apoyo aéreo propio y la capacidad operativa. La reestructuración planeada por los mandos del Ejército a partir de 1998 comienza a rendir frutos y permite revertir la situación que había primado a partir de 1996, el período de los golpes más duros de la guerrilla a las Fuerzas Militares y, en especial, al Ejército.

 

El proceso de fortalecimiento ha continuado y hoy el Ejército Nacional muestra unas capacidades de excelencia que lo han convertido en referencia internacional. En la actualidad se encuentra en una transición que lo ha llevado a convertirse en una Fuerza Multimisión, lista para la guerra y para la paz, así como para contribuir a la construcción nacional.

Para conocer la siguiente etapa del camino hacia  la victoria militar espere la próxima edición de Revista Ejército.

Para ampliar el tema consulte las siguientes referencias:

 

Valencia Tovar, Á. (1993). Historia de las Fuerzas Militares. Tomo III, Bogotá: Planeta.

 

Torres del Río, C. (2000). Fuerzas Armadas y Seguridad Nacional. Bogotá: Planeta.

 

Ruiz Novoa, A. (1956). Enseñanzas militares de la campaña de Corea aplicables al Ejército de Colombia. Bogotá: Antares.

 

Atehortúa, A. (1994). Estado y Fuerzas Armadas en Colombia. Bogotá, Tercer Mundo, Universidad Javeriana Cali.

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