armados

ilegales entre 1998 y 2003

Tove Nyberg

Investigadora Ph. D.

Departamento de Criminología

Universidad de Estocolmo

los altibajos de los grupos

En la última mitad del siglo XX, varios grupos armados ilegales surgieron en Colombia debido a una serie de razones complejas, entre ellas, los objetivos políticos y las aspiraciones sociales y económicas que estaban en juego1, por lo que, hacia la década del sesenta, se formaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y el Ejército de Liberación Nacional (Eln). En los años noventa, en respuesta a las actividades de grupos al margen de la ley, como los mencionados anteriormente, surgen grupos de autodefensa y ejércitos privados para repeler el ataque de las guerrillas (LaRosa y Mejía, 2013). Fue entonces que entre 1997 y 2006, gran parte de estos ejércitos privados, financiados por el narcotráfico, se agruparon bajo el nombre de Autodefensas Unidas de Colombia (Auc).

 

Durante el período comprendido entre 1998 y 2002, estos grupos desarrollaron actividades ilegales —consideradas así también por el Derecho Internacional—, como el uso de la violencia en contra de civiles y el reclutamiento ilícito de menores. Por otro lado, cabe resaltar que la naturaleza del conflicto y de los grupos armados en Colombia cambió con el tiempo, por lo que las tácticas de estos grupos también cambiaron según la influencia que tuvieran en su momento (Watchlist, 2012, 6).

Se puede decir que los problemas políticos en torno a los grupos armados en Colombia se agravaron aún más durante los años noventa (Romero, 2003, 33), debido a que actividades como la expansión de la producción y el tráfico de drogas ilícitas, así como los intentos de negociación de paz fallidos, llevaron a incrementar el reclutamiento y el crecimiento de las organizaciones al margen de la ley, en particular de las Farc y de los ejércitos privados (Romero, 2003, 24-37). Se cree también que las Farc, grupo que surgió con una agenda política clara dirigida al derrocamiento del Gobierno, desarrolló vínculos y cooperación institucionalizada con redes criminales organizadas durante el transcurso del conflicto armado interno (Planta y Dotuoet, 2015, 2).

 

Después de la Séptima Conferencia Guerrillera de las Farc en 1982, este grupo al margen de la ley concentró sus esfuerzos en la lucha armada y en las tácticas de reclutamiento, como consecuencia, a finales de los noventa, el número de miembros militantes en las Farc creció sustancialmente, incluso  alcanzó a llegar a unos veinte mil (Pabón y Ugarriza, 2017, 240). La capacidad militar de las Farc fue cada vez más sofisticada, y tácticas como el uso de minas antipersona, secuestros, extorsión y la protección y producción de drogas ilegales siguieron utilizándose para financiar sus operaciones (LaRosa y Mejía, 2013, 88), las cuales se consideran ilegales en virtud del Derecho Internacional Humanitario y equivalen a crímenes de guerra2.

 

Durante este período, los miembros de las Farc inspeccionaron diferentes zonas rurales para determinar cuántos hijos tenía cada familia y sus edades, con el fin de reclutarlos una vez tuvieran edad suficiente para ser útiles (Watchlist, 2013, 17) y, además, hicieron campañas de reclutamiento en escuelas y otras instituciones de protección infantil (ibid, 17). Así mismo, otros grupos armados en Colombia, como los ejércitos privados, reclutaron y utilizaron niños, y delegaron a los más jóvenes las actividades armadas y otras funciones de apoyo como el espionaje (Springer, 2012); cabe anotar que el reclutamiento de menores está también prohibido por el Derecho Internacional3.

Una mirada a las Farc y el Eln

Hacia 1999, el Gobierno colombiano inició conversaciones de paz con las Farc —conocidas como los diálogos de paz de San Vicente del Caguán— para lo que creó «zonas de distensión» destinadas a sus miembros (áreas de gran tamaño en el sureste del país). Sin embargo, las Farc utilizaron esta zona para almacenar mercancías ilegales y retener a secuestrados, lo cual indignó a los colombianos, hasta que finalmente  las conversaciones de paz fracasaron (LaRosa y Mejía, 2013, 92). Se ha sugerido que las Farc durante esta negociación nunca quisieron llegar a un acuerdo, sino utilizar las «zonas de distensión» como plataformas para aumentar su poder y con el tiempo derrocar al Gobierno tomándose la ciudad de Bogotá (Pabón y Ugarriza, 2017, 282).

 

Por otro lado, entre 1998 y 2002, el número de militantes del Eln llegó a su punto más alto, con alrededor de cuatro mil miembros (Pabón y Ugarriza, 2017, 240). Tras usar tácticas como el secuestro, este grupo armado ilegal comenzó a extorsionar empresas, por ejemplo, las petroleras que operaban en regiones donde sus integrantes estaban presentes. El Eln también se inmiscuyó en el tráfico de drogas y empezó a cobrar las denominadas «vacunas» a los agricultores de coca y marihuana, en especial a los de Bolívar (Bergquist et al, 2001). No obstante, la influencia del grupo disminuyó después del año 2000 por causa de diversos factores, entre ellos el crecimiento de las Auc. El Gobierno colombiano intentó iniciar negociaciones de paz con el Eln, pero estos esfuerzos fracasaron en 2001 (Romero, 2003).

Ejércitos privados financiados por el narcotráfico

Son diversas y poco claras las razones por las que varios ejércitos privados aparentemente dispersos formaron a finales de los años noventa una organización colectiva llamada las Auc. Una de las explicaciones es que cuando las Farc empezaron a secuestrar traficantes de drogas y de esmeraldas influyentes, estos respondieron convocando y organizando unas fuerzas ilegales muy disciplinadas para vengar a sus víctimas (LaRosa y Mejía, 2013, 91).

 

Mientras que los índices de homicidios asociados con el combate armado se mantuvieron en un nivel relativamente estable entre 1998 y 2002, la tasa de homicidios de civiles aumentó de forma significativa cuando las Auc se constituyeron de forma organizada, siendo el período de las negociaciones de paz con las Farc en 1999-2002 uno de los más críticos (Romero, 2003, 30). Esto también coincidió con el creciente número de miembros identificados pertenecientes a los ejércitos privados y las Auc, así como con el crecimiento de su área de influencia, sobre todo en el Magdalena Medio, en la región del sur de Bolívar (Romero, 2003, 30-31). Del mismo modo, los miembros de las Auc avanzaron en la región norte del departamento de Santander, así como en otras regiones, y además aspiraban a asumir el control de la producción ilícita de drogas en estas áreas.

 

En conclusión, la creciente confrontación entre las Auc y otros grupos rivales como las Farc y el Eln pareció inspirar las conversaciones de paz iniciadas en 1998; no obstante, su fracaso derivó en el aumento de la violencia, ya que creó un vacío de poder en determinadas regiones (Romero, 2003, 31).

1. Para una descripción detallada, ver Delgado Murcia (Revista Ejército n.º 189, 2017).

2. Véase  IV. Convenio de Ginebra relativo a la protección debida a las personas civiles en tiempo de guerra. Ginebra, agosto 12 de 1949.

3. Se entiende por niño todo ser humano menor de dieciocho años de edad, tal como lo estipula el artículo 1 de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), y que también corresponde a la definición del artículo 3 de la Ley 1098 de 2006 Código de Infancia y Adolescencia, del Congreso de Colombia (noviembre 8). Existen varias leyes internacionales que regulan la participación de los niños en los conflictos armados, tales como los Protocolos Adicionales de los Convenios de Ginebra de 1977 y la Convención sobre los Derechos del Niño, que prohíben el reclutamiento de niños menores de 15 años. Así mismo, el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño, relativo a la participación de niños en los conflictos armados a partir de 2000, prohíbe el uso de cualquier persona menor de 18 años.

Para ampliar el tema consulte las siguientes referencias:

 

Bergquist, C., Peñaranda, R., y Sánchez, G. (Eds.). (2001). Violence in Colombia, 1990-2000: waging war and negotiating peace. Rowman & Littlefield Publishers.

 

Delgado Murcia, W. (2017). La Violencia Revolucionaria (1960-1998), Revista Ejército, Edición n.º 189, El camino a la Victoria Militar, República de Colombia, Ejército Nacional.

 

LaRosa, M. J., y Mejía, G. R. (2013). Colombia: A concise contemporary history. Rowman & Littlefield.

 

Romero, M. (2003). Paramilitares y autodefensas: 1982-2003 (Vol. 13). Temas de Hoy. Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales. Universidad Nacional de Colombia.

 

Springer, N. (2012). Como corderos entre lobos: del uso y reclutamiento
de niñas, niños y adolescentes en el marco del conflicto armado y la criminalidad en Colombia
, Springer Consultant Services, con el apoyo del Relator Especial de las Naciones Unidas para la Promoción y Protección del Derecho a la Libertad de Opinión y Expresión.

 

Ugarriza, J. y Pabón Ayala, N. (2017) Militares y Guerrillas. La memoria histórica del Conflicto armado en Colombia desde los archivos militares, 1958-2016. Bogotá: Editorial Universidad del Rosario.

 

Kemper, Y., Roshani, N., y Bonilla-Portilla, M. (2012). Nadie en quien confiar: Los niños y el conflicto armado en Colombia. Watchlist on Children Involved in Armed Conflicts. Extraido junio 07, 2017, from https://resourcecentre.savethechildren.net/library/nadie-en-quien-confiar-los-ninos-y-el-conflicto-armado-en-colombia

 

Planta, K., y Dudouet, V. (2015) Fit for negotiation? Options and risks in the political transformation of non-conventional armed groups. NOREF/ Clingendael Institute.

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