División de Aviación Asalto Aéreo

Alas de

libertad

Desde su reactivación en el año 1995, la Aviación del Ejército marcó un cambio en el equilibrio de la guerra, con un aporte significativo para que la balanza se inclinara definitivamente hacia el lado de la Fuerza. Durante estos años se han volado más de 500.000 horas en desarrollo de operaciones militares, de las cuales más de 61.000 han incluido lentes de visión nocturna.

 

Remontándonos años atrás vale la pena señalar que en 1995 se activó el Batallón Aerotáctico, el mismo que en 1997 pasó a ser el Batallón de Helicópteros, y, posteriormente, se activó la Brigada de Aviación n.° 25. El crecimiento de esta Arma y el éxito en las operaciones la consolidaron en punta de lanza para combatir los grupos terroristas; por esta razón, se activó la División de Aviación Asalto Aéreo en el año 2010.

La División de Aviación Asalto Aéreo, como parte del diseño del Ejército del futuro, es una Unidad ágil, entrenada, equipada, segura y confiable, conformada por soldados aviadores íntegramente preparados y listos, con carácter y competencias para responder con los más altos estándares a los desafíos, y con capacidad de adaptarse tan rápido como evolucionan las amenazas en los escenarios del futuro. Estas capacidades le han permitido  a la División realizar operaciones sin precedentes, y que son referente de doctrina, efectividad y planeamiento. En las siguientes líneas, narradas por el piloto que participó en la reconocida Operación Jaque, se evidencia el alto grado de disciplina y entrenamiento de los pilotos de la Aviación del Ejército de Colombia, y se dan a conocer  detalles de esta Operación, que es símbolo de astucia, inteligencia, exactitud y libertad.

La historia de vida detrás de la Operación Jaque

Es difícil aceptar participar en un negocio en el que le dicen que la expectativa máxima de ganancia será de un 33 % del 100 % del capital invertido. Esto en términos financieros sería una pérdida, y lo más probable es que nadie esté dispuesto a realizar esa inversión. Seguramente con el tiempo y la tendencia de ganancia solo se conduzca a una quiebra anunciada, pero en estas líneas el tema que me compete narrar no es de negocios ni de finanzas, es una historia de vida y libertad de la que yo hice parte.

 

La analogía descrita anteriormente es para dar a entender un poco mejor la propuesta que le hicieron a un grupo de soldados, entre ellos, yo, a fin de realizar una de las operaciones militares que terminó siendo de las más reconocidas en todo el mundo, un éxito militar sin precedentes y un punto de quiebre de la historia en Colombia. Estoy hablando de la Operación Jaque.

 

Todo comenzó con un grupo de personas que pusieron a volar su imaginación. Al principio los creían locos, pero después de un análisis detallado de una idea, nuestros altos mandos aceptaron la materialización de la misma, porque se convencieron de que después de todo no era tan descabellada. Si todo salía bien, el resultado final sería excepcional, se daría la libertad a un puñado de colombianos y tres estadounidenses que llevaban bastantes años en cautiverio.

 

La propuesta que me hicieron fue: «Está dispuesto a participar en una misión donde solo pueden ocurrir tres cosas: primero, usted puede ser secuestrado; segundo, puede morir, y tercero, puede regresar victorioso». Es por esto que la analogía hecha al principio trata de un 33 % de ganancia, que en este caso sería permanecer con vida y contribuir a la libertad de ese grupo de personas que llevaban muchos años en la selva; el 67 % restante se traduce en el riesgo que decidí tomar al embarcarme en esa aeronave como piloto, porque cuando se trata de defender la honra y bienes de un ser humano, los militares estamos dispuestos a todo. ¡Para eso nos entrenaron!

 

Cuando inició el planeamiento de esta misión, desde el punto de vista de aviación, se tomó la decisión de participar con dos helicópteros MI-17 de la Aviación del Ejército de Colombia, porque eran los más similares a los utilizados en ocasiones anteriores por organizaciones internacionales para la liberación de secuestrados.

 

En un principio las tripulaciones solo sabíamos que sería una misión riesgosa, pero no teníamos idea de lo que en días posteriores íbamos a realizar. Nos dijeron que planeáramos una misión en la Sierra Nevada de Santa Marta, a una altura de 5500 pies. Esto nos tomó alrededor de dos horas, y, transcurrido el tiempo, hicimos la presentación al comandante del Ejército, quien nos hizo una serie de preguntas relacionadas con el planeamiento de la misión. Al final quedó convencido de la forma en que íbamos a llevarla a cabo. Una hora después de la presentación, nos dijo que ahora hiciéramos el mismo ejercicio para un punto en el departamento del Cauca, a 6000 pies. Esto sucedió en dos ocasiones más, es decir, se hicieron cuatro planeamientos para cuatro puntos distintos del territorio colombiano. Lo anterior,  nos desconcertó un poco porque realmente no sabíamos para dónde íbamos ni tampoco la magnitud de lo que íbamos a hacer.

 

Los días transcurrieron, nos recogieron los teléfonos celulares y dijeron que no nos afeitáramos ni tampoco nos cortáramos el cabello porque debíamos aparentar ser civiles. Entonces comenzó la preparación con miembros de Inteligencia Militar, con el objetivo de lograr la caracterización de nuevas identidades, porque no podíamos tener nuestros mismos nombres. Esto fue difícil porque nadie está acostumbrado a cambiar de vida de la noche a la mañana.

 

Las preguntas se incrementaron cada vez más, sin embargo, cumplimos la orden sin decir nada. ¡Sabíamos que era una operación secreta! Esta situación fue verificada por el mismo comandante del Ejército y el comandante de la Aviación, quienes estaban presentes en todo momento, ultimando detalles del planeamiento. Faltando tres días para la ejecución, nos dijeron que debíamos despegar y llevar los helicópteros en condiciones nocturnas para un lugar desconocido, donde los iban a pintar de blanco y rojo. Esto aumentaba aún más el misterio para nosotros, porque una cosa es volar un helicóptero militar en el área de operaciones y otra es volar el mismo helicóptero, pero aparentando que es civil.

Piloto al mando del helicóptero MI-17 «Jaque» de la Aviación del Ejército

Otra parte importante de esta preparación estaba en nuestras familias, porque cada noche que yo llegaba a dormir a mi casa, mi esposa me preguntaba de todo; primero, porque llegaba tan tarde, y esto era porque no podíamos dejarnos ver del mismo personal del Fuerte Militar de Tolemaida. Entonces salíamos cuando ya no quedaba nadie, pero sabíamos que no podíamos decir ni una sola palabra de lo que estábamos preparando. Por supuesto, esto crea traumatismos en la familia, pero todo era necesario porque uno de los éxitos de esta Operación fue la compartimentación de la información.

 

Un día antes de la ejecución de la operación nos dijeron a las tripulaciones realmente lo que íbamos a hacer, y nos mostraron las fotos de cada una de las personas que íbamos a rescatar. A partir de ese momento nuestra visión de la misión cambió, al igual que nuestra risa, pero estábamos totalmente preparados en todos los aspectos, y aun así no sabíamos exactamente para dónde íbamos. Estos datos los conocimos justo antes de despegar con coordenadas. Claro, no era nada cerca a los cuatro sitios que anteriormente habíamos planeado. Decidimos hacer un IOC (instrucciones para la operación de comunicaciones), para hablar entre las dos aeronaves sin ser detectados por el enemigo. La frase más esperada por todos nosotros era «anti-ice conectado», que significaba que la misión había sido un éxito. Despegamos en horas de la noche a un punto en el departamento del Meta, sitio donde amanecimos.

 

Al siguiente día, despegamos directo al sitio del rescate y cuando empezamos a sobrevolar el sector, observamos una ametralladora punto 50, junto con cinco guerrilleros. Estaba ubicada justo en la parte trasera del helipuerto donde íbamos a aterrizar. Eso hizo que pensáramos lo peor, porque no se veía nada más, pero debíamos darles confianza. Entonces decidimos aterrizar, porque así se había planeado. Cuando estábamos en tierra empezaron a salir de entre los árboles alrededor de cincuenta guerrilleros armados hasta los dientes. En ese momento ya no había nada que hacer, porque estábamos totalmente rodeados por ellos. Aun así seguimos el plan y desembarco del helicóptero. Dentro del IOC que habíamos planeado estaba una frase que significaba que nos habían descubierto y que despegaríamos inmediatamente. Esto era parte de las contingencias que se habían contemplado, y sabíamos qué hacer para este caso. La frase era «se me perdió la billetera». Yo tenía en el casco un dispositivo para escuchar todo lo que estaba ocurriendo en tierra, puesto que el personal de Inteligencia tenía un micrófono entre sus implementos, y, en caso de que este micrófono fallara, ellos iban a hacer la mímica de que algo se les había perdido. Así yo podría saber que habían sido descubiertos. La misión se había planeado para tardar ocho minutos en tierra, pero realmente se demoró 18 minutos.

 

Una vez todos se embarcaron en la aeronave, dentro del planeamiento se había acordado que cuando lleváramos 1000 pies indicados, el técnico de la aeronave se pondría de pie para advertir al personal de Inteligencia que podían reducir a los dos terroristas. Cuando se marcaban 500 pies, empezamos a escuchar gritos y a sentir movimientos bruscos en la aeronave. De repente, escuchamos la voz del técnico diciendo a todo pulmón: ¡Somos tropas del Ejército Nacional, están libres! En ese momento hubo un silencio sepulcral de unos cinco segundos. Acto seguido, empezamos a cantar el Himno Nacional de Colombia. La piel se me erizó y transmití la tan anhelada frase «anti-ice conectado». Ese fue uno de los momentos más emotivos de mi vida, porque todo había salido muy bien, y les habíamos arrancado a las Farc este grupo preciado de personas. Al mismo tiempo les estábamos dando una felicidad enorme a quince familias y al país entero, pero lo más importante, la libertad para ellos.

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