El inicio de la solución negociada

del conflicto

Coronel José Luis Esparza Guerrero Especialista en Inteligencia Militar, Magíster en Inteligencia Estratégica

En septiembre de 2012, el Gobierno nacional declaró a los medios de comunicación que se estaba desarrollando un proceso de paz con las Farc y que se abrían caminos con el Eln. En este artículo se hará un análisis retrospectivo y desde la perspectiva militar acerca de cómo se logra llegar a este punto de inflexión.

El acontecer estratégico

 

Existía una preocupación general en los años noventa que podría calificarse de derrotista, dado que las Farc sentían que todo iba en pro del cumplimiento de su plan estratégico para la toma del poder. Las dos principales organizaciones, particularmente las Farc, fundamentaban su estrategia en los éxitos de los modelos vietnamita, nicaragüense y salvadoreño, así tomaron como referente las experiencias de estos conflictos, y en tal sentido hay una particular mirada de los principales investigadores. El Eln, por su parte, trataba de implementar las mismas transiciones, pero se vio enfrascado en un conflicto con las Farc y, tras ver los reveses de esta organización, rediseñó su plan de guerra hacia una clara «defensiva estratégica», con propósitos de construcción «política» y de «acumulación de fuerza».

 

El pesimismo se apoderó del país, pues había elementos para así creerlo, máxime con el potencial que brindaban los medios del narcotráfico. En el mundo, Colombia era vista como una nación con recursos políticos y sociales importantes, la cual permanecía largo tiempo paralizada por las fuerzas irregulares (Touraine, 2013,180). A la percepción de América Latina, afectada por las problemáticas globales, se añaden los desafíos propios de la seguridad multifacética (Herrera, 2014, 240).

 

Este escenario determinó la importancia de crear planes estratégicos a partir del análisis del momento y de los centros de gravedad1  del Estado y de las organizaciones armadas ilegales. Estos análisis impulsaron la estrategia militar para determinar los planes de guerra que permitieron el desarrollo de las exitosas campañas de las Fuerzas Militares, con el apoyo y coordinación de la Policía Nacional y otras instituciones del Estado. En este sentido, se evidencia la integración del Plan Colombia a elementos de la Política de Seguridad Democrática, materializada en el Plan Militar Patriota (2002-2006), así como la Política de Consolidación de la Seguridad Democrática que orienta el Plan Militar Consolidación y la Política Integral de Seguridad y Defensa para la Prosperidad, con sus  planes militares Bicentenario y  Espada de Honor I (2010-2014).

 

Es así como se determina que solo la ejecución conjunta y coordinada de las unidades de las tres Fuerzas Militares y de la Policía Nacional, bajo una clara concepción estratégica, podía darles respuestas positivas al mundo, al Gobierno nacional, a los líderes de opinión y a la misma Fuerza Pública. De esta manera, las Fuerzas orientaron sus planes de campaña no solo ligados a la necesidad de cumplir las líneas estratégicas, sino a entender que «en las guerras de contra insurrección, la genialidad táctica no da ningún resultado cuando el contexto político y el social son ignorados o mal comprendidos» (Marston, 2008,17). En estas condiciones, el Ejército se reorganizó para apoyar las directrices políticas.

 

Los planes arriba reseñados crearon una conexión con el nivel operacional, y lograron neutralizar los ataques de las organizaciones guerrilleras desde sus áreas de concentración por el llamado centro de despliegue estratégico y  sus corredores de movilidad. Esto llevó al desarrollo de una combinada maniobra defensiva-ofensiva que facilitó retomar  la iniciativa y atacar aquello que los grupos subversivos denominaban su retaguardia estratégica2 . Todo ello elevó la moral de la Nación y, en particular, de su Fuerza Pública. Con esta dinámica se llegó al 2008, punto de inflexión y de partida de las operaciones especiales, las cuales produjeron importantes resultados contra los niveles de mando  de estas organizaciones irregulares, especialmente contra las Farc, tal como lo teorizó Clausewitz «Hay ataques estratégicos que han conducido directamente a la paz, pero son los menos, y la mayoría solo llevan hasta un punto en que las fuerzas (atacadas) alcanzan para mantenerse a la defensiva y esperar la paz» (2005,576).

 

Grandes victorias

 

Al pasar las organizaciones armadas ilegales a la «defensiva estratégica» -con limitadas acciones tácticas para el caso de las Farc, que adoptó el modelo anterior del Eln (accionar muy criticado anteriormente por ellos)-, la Fuerza Pública encontró las condiciones para actuar contra sus mandos, al contar con un mayor apoyo del pueblo y organismos del Estado, lo cual daría la sostenibilidad en el orden político-social, de medios de comunicación y obviamente logístico; todo matizado por las acciones terroristas y los arrogantes discursos victoriosos de antaño de los jefes subversivos.3

 

El esfuerzo más importante para la línea de operaciones especiales recayó en el Ejército Nacional, en particular por las tareas interpuestas con la creación y preparación desde el 2002 de unidades especiales, pero sobre todo por la revisión y reajuste a la Inteligencia, la cual no solo adquirió medios, personal y recursos económicos, sino que consiguió la coordinación con otras agencias especialmente reconocidas.

 

Como una evolución de esfuerzos de años anteriores, en el 2003 se creó el Comando Conjunto de Operaciones Especiales, Ccoes, entidad de planeamiento y dirección del Comando General de las Fuerzas Militares, la cual empieza a operar con unidades del Ejército, como la Brigada de Fuerzas Especiales, el Batallón de Comandos y la Agrupación de Lanceros, concentradas dentro del Comando de Operaciones Especiales del Ejército, Coese. A estas unidades élite se integró una unidad especial de la Armada Nacional, también en el nivel divisionario se conformaron unidades de este tipo que lograron importantes éxitos.

Es indudable que para esta fase fue determinante el efecto que representó el poder aéreo en misiones de apoyo aerotáctico a las fuerzas terrestres, defensa aérea, inteligencia aérea, contrapoder terrestre, ataque estratégico, operaciones de información, transporte aéreo, recuperación de personal, comando y control. Parafraseando los análisis de la National Defense University y de la Joint Special Operations University, enunciados en el libro Victorias desde el aire, fue de suma importancia dar muerte en desarrollo de operaciones a los objetivos de alto valor con entrega de armas por parte de la Fuerza Aérea, tareas antes solo adjudicadas a las fuerzas terrestres (Esquivel, 2016).

 

En materia interagencial se dio un giro a lo que esta fue en sus inicios, cuando estaba enfocada a actividades de seguridad, acercamiento a la población civil y al desarrollo de obras de infraestructura, para dar paso a una estrategia que contempló las herramientas comunicacionales, el apoyo al desarrollo regional en coordinación con las demás instituciones del Estado y la comunidad, al igual que las acciones humanitarias, de educación, asuntos étnicos, preservación del medioambiente y de cooperación internacional. Lo anterior, con el objetivo de lograr la consolidación territorial.

 

Así mismo, en este periodo se desarrolló en las Fuerzas Militares la reconocida campaña Fe en la Causa, la cual fortaleció la cultura institucional y la transparencia en el cumplimiento de la misión, lo cual vigorizó la vocación militar, basándose en valores como la disciplina y el arrojo. Todo esto permitió «mantener la imagen del Ejército Nacional en una posición de admiración y confianza por parte del pueblo colombiano» (Fuerzas Militares de Colombia, 2011,13).

 

Esta campaña también trazó un derrotero para fortalecer el liderazgo de los comandantes hacia su tropa, e incentivó en los oficiales, suboficiales y soldados la vocación hacia el servicio con un énfasis en el desarrollo profesional y humano. Dentro del proceso de implementación comprometió a todas las unidades del Ejército Nacional y esto permitió una mejor optimización de los resultados en materia de seguridad.

 

Ante estas acciones exitosas, las Farc y el Eln reorganizaron sus planes4  para buscar adaptarse a la nueva dinámica del conflicto, lo cual les otorgó un repunte en su accionar armado mediante actos terroristas, así se mantuvieron vigentes entre 2011 y 2012 ante la opinión pública.

 

En este sentido, se planteó la instalación del Comité de Revisión Estratégica e Innovación CREI, en el año 2011, con el fin de analizar e investigar las fortalezas y las debilidades tanto institucionales como externas, especialmente de las amenazas. Todo esto contribuyó a transformarse y adaptarse ante los nuevos contextos y desafíos que se presentaron con el pasar del tiempo.

 

El Comité estuvo conformado por uniformados de todas las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional, acompañados por funcionarios del Ministerio de Defensa Nacional y de otros sectores del Estado y la academia. Ellos elaboraron recomendaciones de carácter estratégico, operacional y táctico a los Comandantes de Fuerza y al Ministro de Defensa. A partir de estas recomendaciones se diseñó el Plan de Guerra Espada de Honor, basado en tres conceptos fundamentales: conjunto, coordinado e interagencial (Memorias al Congreso 2011-2012,19).

 

Conclusiones

 

Este contexto abrió entonces el camino para un proceso de paz. Los antecedentes demostraban que tradicionalmente las organizaciones guerrilleras habían utilizado las negociaciones como estrategia de aprovechamiento de espacios para impulsar sus propósitos de toma del poder. Con cada uno de estos procesos fallidos habían obtenido avances importantes en el campo armado, lo que los había animado a continuar aplicando esta estrategia de manera recurrente. Sin embargo, la mesa de conversaciones de La Habana, Cuba, se llevó a cabo bajo otros parámetros, además las Farc se habían sentado gracias a la contundencia de las acciones militares, lo que significó que este grupo viese como opción única negociar con el Estado.

 

Sin duda alguna, las acciones de la Fuerza Pública permitieron en gran medida que el proceso de negociación fuera posible, lo que reafirma que las Fuerzas Militares y de Policía cumplieron con su mandato constitucional combatiendo a las organizaciones al margen de la ley. Lo anterior, está identificado en los datos y cifras de diferentes fuentes, como las dadas por el Centro Nacional de Memoria Histórica, Iepri, el Ministerio de Defensa y el Ejército Nacional, que exponen cómo la violencia cayó progresivamente desde principios del siglo XXI. En otras palabras, las Fuerzas Militares garantizaron que las Farc, el Eln y las autodefensas jamás tuvieran las capacidades militares para causar nuevamente la destrucción y el terror que generaron al inicio de los años noventa.

 

Con la proyección y desarrollo del Plan Espada de Honor, la violencia en Colombia registró sus puntos más bajos en décadas, ya que se debilitaron las amenazas a tal punto que se garantizó iniciar procesos de diálogo entre las guerrillas y el Gobierno en los años que prosiguieron.

1 El análisis del centro de gravedad es entendido como la cohesión existente entre las fuerzas gravitacionales del conjunto político, cuyo resultado es la legitimidad.

 2 Operación TH y JM.

 3 Este momento tuvo un importante impulso por las protestas multitudinarias bajo el eslogan: «No más Farc» y campañas internas de las Fuerzas Militares, como la de «Secuestrados, pero nunca olvidados».

4 Farc: Plan Renacer Revolucionario de las Masas o Segunda Independencia, una estrategia para recuperarse en lo sociopolítico, y afectado por las «victorias del enemigo en el espacio geográfico», lo que los hace retornar a la guerra de guerrillas. Eln: Plan de Defensa en Amplio Territorio (DAT), con el propósito de evadir las operaciones militares e involucrando a las guerrillas locales (milicias), para buscar con ello preservar la fuerza de sus estructuras armadas.

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Para ampliar el tema consulte las siguientes referencias:

 

Centro Nacional de Memoria Histórica. (2013). Basta ya, memorias de guerra y dignidad. Centro Nacional de Memoria Histórica.

 

Clausewitz, C. V. (2005). De la Guerra. La esfera de los libros, Madrid, p. 576.

 

Esquivel, R. (2016). Fuerza Aérea Colombiana y Operaciones Decisivas 1998-2015. En: Victorias Desde el Aire: la Fuerza Aérea Colombiana y el término del conflicto. Bogotá: Grupo Editorial Ibáñez, pp. 82-83.

 

Herrera, Ch. B. (2014). Los desafíos de la seguridad regional y las perspectivas de cooperación birregional en Suramérica en el escenario global: gobernanza multinivel y birregionalismo, Hubert Gehring y Eduardo Pastrana, compiladores. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, p. 240.

 

Mejía, L. A. (1998). Una guerra inútil, costosa y sin gloria. La endemia de la sedición en Colombia, Tercer Mundo Editores, Bogotá, p. 206

 

Ospina Ovalle, C. (2014). Los años en que Colombia recuperó la esperanza. Cómo la aplicación coordinada de política y estrategia logró la recuperación social, económica y de seguridad de la nación colombiana, Editorial Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, 2014, p. 18

 

Ospina Ovalle, C. (2014). La estrategia en Colombia, variaciones del Centro de Gravedad, William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies Perry Center Occasional Paper, abril de 2014, p. 29.

 

Santos  Pico, J. (2007). Historia militar del Ejército de Colombia. Biblioteca Histórica Militar Colombiana, Centro de Estudios Históricos del Ejército, Bogotá, p. 335

 

Touraine, A. (2013). Le fin des societes,  Editions de Seuil, París, p.180

 

Fuerzas Militares de Colombia. Ejército Nacional (2011). Campaña Institucional Fe en la Causa: Comportamiento ético superior. Extraído de file:///C:/Users/ricardo.bermeo/Downloads/Cartilla_Politica_Institucional.pdf

 

Ministerio de Defensa Nacional. Memorias al Congreso (2011 – 2012). Extraído de: https://www.mindefensa.gov.co/irj/go/km/docs/.../Prensa/.../memorias2011-2012.pdf

EJÉRCITO NACIONAL

DE COLOMBIA

Revista Ejército

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