Campaña del Sur:

Conflicto amazónico

Por Mayor Luis Gabriel Urrego Henao

Jefe de  Estudios e Investigaciones del Centro de Estudios Históricos del Ejército

El conflicto fronterizo que debió afrontar la República de Colombia en 1932, debido a la ocupación peruana sobre una parte del territorio nacional, le impuso al país una necesidad apremiante de acelerar la modernización de sus Fuerzas Militares.

 

El siglo XX había empezado con una institución militar que se encontraba lejos de ser profesional, de brindar una defensa efectiva de la Nación y,  además, se encontraba enfrascada en medio de la más cruel y sangrienta guerra civil, la guerra de los Mil Días. Cuando esta terminó se vio la imperiosa necesidad de profesionalizar el Ejército, de convertirlo en una institución al servicio de la Nación; para ello, se contrató una misión chilena con la cual empezó el proceso hacia una institución a la altura del siglo XX.

 

Los objetivos no se cumplieron completamente. Diferentes problemas económicos y políticos hicieron que cesaran estos esfuerzos, aunque quedó la semilla de una nueva institución en unos procesos iniciados que permitieron  tener una Fuerza profesional. Dentro de estos procesos están la creación de la Escuela Militar de Cadetes José María Córdova,  la Escuela Superior de Guerra, los batallones de modelo de las Armas,  además de un reformado Estado Mayor. Con todo esto  se sentaron las bases para un ejército que permitiera la defensa de la Nación de manera efectiva.

Posteriormente, en la década de los veinte llega una nueva misión procedente de Suiza, la cual se queda cuatro años; con ella se logran avances en los manuales y en la organización del Ejército, pero en cuanto a estructura no cumple sus objetivos, y esto es debido al escaso presupuesto que tenía la Nación destinado al Sector Defensa, lo cual hacía que las Fuerzas fueran las más pequeñas y peor dotadas de la región.

 

Para el año de 1932 se encontraba en vigencia el tratado Salomón-Lozano de 1922, acuerdo que había solucionado el tema fronterizo con la República del Perú, en él Colombia obtenía una salida hacia el río Amazonas; así, la Leticia1 pasaba a pertenecer al territorio colombiano. Este tratado tuvo una fuerte oposición en la República del Perú, y como consecuencia de ello, el 1 de septiembre de 1932 cerca de medio centenar de ciudadanos peruanos, entre los cuales había civiles y militares, como  el alférez Juan de la Rosa, comandante de la guarnición de Caballo Cocha2, se tomaron la población de Leticia. Los dieciocho policías que prestaban su servicio allí trataron de  resistir, pero fueron desarmados y puestos en prisión junto con el resto de colombianos. Posteriormente, fueron deportados hacia territorio brasilero3. Al tenerse conocimiento en Bogotá de esta noticia se elevó una nota de protesta a través del embajador en Lima, quien de inmediato tomó contacto con el general Sánchez Cerro, presiente del Perú, quien aseguró que solo se trataba de un grupo de insurrectos que habían actuado unilateralmente, y que ayudaría a solucionar este impase con la mayor celeridad.

Situación de las tropas en el momento del ataque

 

El Ejército de Colombia estaba organizado en cinco Brigadas a lo largo de todo el territorio nacional. Estas brigadas habían entrado a funcionar con la reorganización del Decreto 1842 de 19314. Estaban constituidas y combinadas, y se encontraban unidades de Infantería, Caballería, Artillería, Ingenieros y batallones de Ferrocarriles. Los efectivos con los que contaba la Nación para su defensa eran 6200 hombres, quienes también cubrían flotillas fluviales de guerra, como la Flotilla del Río Magdalena, integrada por los cañoneros Presidente Mosquera y Barranquilla, y la Flotilla de los ríos Amazonas y Putumayo, integrada por los cañoneros Cartagena y Santa Marta, y, asimismo, cubrían la Aviación Militar, que contaba únicamente con 16 aviones, de los cuales solo uno tenía la capacidad de operar en ríos.

 

Como medida urgente se estableció una economía de guerra, con la cual los colombianos demostraron su amor  y compromiso con la patria, dado que este conflicto tuvo un costo de $445.000.0005 oro. Fue también de suma importancia la compañía SCADTA (sociedad colombo alemana de transporte aereo), que conocía muy bien la región sur de Colombia, pues llevaba operando cerca de diez años sobre esa zona. Ellos pusieron a disposición de la defensa de la Nación cuatro hidroaviones con sus respectivas tripulaciones. De ahí un grupo de pilotos alemanes, entre ellos el mayor Herbert Boy, piloto que había servido en la Primera Guerra Mundial5. Con la suma de todos estos recursos se inició una transformación y modernización acelerada de la institución. Se adquirieron modernos aviones, se amplió la flotilla fluvial y se aumentaron los efectivos, pues muchos jóvenes se presentaron voluntariamente en las unidades militares para prestar su servicio a la patria.

1 Mapa vías de aproximación teatro sur de operaciones.

Despliegue de las tropas.

 

El presidente  Enrique Olaya Herrera designó al general Alfredo Vázquez Cobo como comandante de la expedición al amazonas; bajo su mando fueron asignados dos destacamentos sobre los cuales estuvo la responsabilidad de adelantar las operaciones militares, uno fue el destacamento del Amazonas, que se proveyó de 791 efectivos de la Segunda Brigada, acantonada en Barranquilla, bajo el mando del general Efraín Rojas Acevedo, quien también asumió el mando del nuevo destacamento. Este embarcó en el vapor Boyacá e iba escoltado por los cañoneros Barranquilla y el Pichincha,  y marchó hasta la desembocadura del río Amazonas, en donde  se reunió con los navíos Córdova y Mosquera que venían de Europa con el general Vásquez. De ahí iniciaron  río arriba con el objetivo de expulsar a los peruanos, que ya habían reforzado los puertos colombianos de Leticia sobre el Amazonas  y Tarapacá sobre el río Putumayo.

 

La idea inicial de atacar el puesto de Leticia propuesto por el general Vásquez Cobo fue cambiada por la de realizar una aproximación indirecta sobre el puerto de Tarapacá. El 14 de febrero  las tropas colombianas fueron bombardeadas por aeronaves peruanas. La Aviación colombiana pudo reaccionar rápidamente haciendo que los aviones enemigos se retiraran sin llegar a causar ningún daño. El objetivo fue ocupado el día 15 de febrero por las tropas de Infantería. El ataque fue precedido por  una arremetida de la Artillería y de la Aviación. Las tropas peruanas no hicieron frente a este ataque y abandonaron el puesto. Con este golpe estratégico se consiguió tener una comunicación directa con el otro destacamento que se encontraba más al occidente.

 

La otra parte de las tropas desplegadas en el teatro de operaciones del sur, y que tuvo una notable participación, fue el destacamento del Putumayo, que estaba constituido por 630 hombres procedentes de la Tercera Brigada, en Cali, y de la Quinta, en Bogotá. Adicionalmente, este destacamento estaba acompañado de las cañoneras Cartagena y Santa Marta. El mando de estas tropas le fue concedido al coronel Domingo Rico.

 

Para tener la navegabilidad completa sobre este afluente se necesitaba tener el control sobre dos puntos muy importantes: el que se encontraba en la desembocadura del Güepí, sobre el alto Putumayo, y Puerto Arturo, en el bajo Putumayo, mientras el destacamento del Amazonas realizaba reconocimiento y aproximación sobre este último. Así, las tropas bajo el mando del coronel Domingo Rico se preparaban para realizar la acción de armas más importante de la guerra.

2 Base de Güepí sobre la rivera peruana del río Putumayo.

El 26 de marzo, las cañoneras Santa Marta y Cartagena iniciaron una aproximación por los flancos, llevando las tropas de fusileros sobre la base peruana de Güepí, la cual era defendida por cerca de 500 efectivos peruanos, que contaban con el apoyo aéreo de la flotilla aérea en Pantoja. A las ocho de la mañana los aviones colombianos empezaron a realizar un fuerte bombardeo sobre las posiciones enemigas, también la Artillería desde las cañoneras sirvió de apoyo para que las tropas iniciaran su avance. Al mediodía, luego de cinco muertos y nueve heridos, el pabellón nacional de Colombia fue izado. Con esto terminó la batalla, y las tropas colombianas se adentraron en una persecución sobre las tropas del Ejército del Perú, pero debido a la oscuridad  de la tarde que caía  sobre la selva fue imposible continuar.

 

Las acciones de armas continuaron en pequeños combates, en donde las tropas colombianas fueron ganando posiciones y se convirtieron en una amenaza real sobre las poblaciones de Leticia e Iquitos. Observando esta situación, el general Sánchez Cerro, presidente del Perú, se disponía a enviar al teatro de operaciones 30.000 hombres, pero él fue asesinado el 30 de abril, y la presidencia fue ocupada por el general Óscar Benavides, quien tenía una buena amistad con Alfonso López Pumarejo.  Con todo esto se logró bajar las hostilidades y llegar a una salida negociada, la cual finalmente sucedió el 24 de mayo, cuando se firmó en Ginebra un acuerdo en donde Perú devolvía Leticia a Colombia, y esta debía hacer lo mismo con las posiciones que había ocupado en el desarrollo del conflicto.

3 Primera página del diario el tiempo.

Conclusiones

 

A pesar de que cuando empezó el conflicto las Fuerzas Militares de Colombia no estaban muy bien equipadas ni contaban con la experiencia adecuada, el panorama cambió totalmente cuando se firmó el acuerdo y terminaron las hostilidades. Las acciones desarrolladas por los comandantes de los destacamentos, el general Rojas y el coronel Rico, dieron fe de que el proceso empezado con la Misión Militar Chilena había dado buenos resultados, pues aunque estos dos oficiales no eran egresados de la Escuela Militar, sí asistieron a los cursos de aplicación en la Escuela Superior de Guerra, en donde aprendieron y lograron obtener la competencia necesaria para desarrollar operaciones militares en situaciones  tan críticas como las que debieron enfrentar.

Aunque Colombia no contaba con una Armada establecida, sí existía una pequeña flota de cañoneros que patrullaban los principales ríos de la Nación. Esta flota era orgánica del Ejército, y, debido a su gran protagonismo durante el conflicto, fue imperiosa la necesidad de empezar el proceso para reactivar nuevamente la Armada. De otra parte, la Aviación venía siendo parte del Ejército, pero cuando terminó el conflicto era una de las más grandes y modernas del continente, abriéndose paso cada vez más hacia su autonomía, hasta llegar a convertirse en 1942 en una Fuerza independiente con el nacimiento de la Fuerza Aérea Nacional.

 

El conflicto con el Perú significó la defensa de nuestro suelo y del orgullo y la identidad nacional, pero también fue una prueba de fuego para unas nuevas Fuerzas Militares y, especialmente, para la construcción de un Ejército más técnico.

 1 Monika Liliana González, Gabriel David Samacá Alonso, «El conflicto colombo-peruano y las reacciones del Centro de Historia de Santander (CHS), 1932-1937. HiSTOReLo» (Revista de historia regional y local, vol. 4, no 8, 2012).

 

2 Guillermo Plazas Olarte, Historia de las Fuerzas Militares III. (Bogotá: Planeta Colombiana Editorial, 1993)20.

 

3 Guillermo Plazas Olarte, Historia de las Fuerzas Militares III. (Bogota : Planeta Colombiana Editorial, 1993)21.

 

4 DIARIO OFICIAL. AÑO LXVII. N. 21840. 13 noviembre, 1931. p. 7. Obtenido de página web http://www.suin-juriscol.gov.co/viewDocument.asp?id=1359628( Consultado el día 9 de mayo de 2018).» s.f.

 

5 Abel CruzSantos. Historia extensa de Colombia. Vol. XV, Economía y hacienda pública, vol. 2. Bogotá: Ediciones Lerner, 1964.

 

6 Herbert Boy. Una Historia con alas . (Bogotá: Iquema, 1963)

 

7  Más Fotos y mapas tomadas del libro  Álvaro Valencia Tovar Conflicto Amazonico 1932- 1934  1994