OPERACIÓN

LIBERTAD I

LA PRIMERA FASE DEL PLAN PATRIOTA

Por César Augusto Moreno Ortiz

Asesor Histórico del Centro de Estudios Históricos del Ejército

Si de operaciones militares se trata, no cabe duda de que la Operación Libertad I ocupa un lugar destacado en la historia de las Fuerzas Militares de Colombia, dada su importancia en el campo estratégico y a que su exitosa terminación permitió asegurar el centro político y administrativo de la Nación, la misma capital de la República, amenazada por el cerco efectuado por la guerrilla de las Farc para finales de la década del 90. Este cerco fue ordenado por el cabecilla alias Mono Jojoy, con la expectativa de realizar la ofensiva final sobre la capital del país, punto culminante del  plan estratégico que tenía contemplado esta guerrilla para tomarse el poder.

 

Esta Operación militar fue producto de una extensivo y meticuloso planeamiento, el cual inicialmente hizo parte del Plan Patriota que se llevó a cabo durante varios meses. Se contó con el liderazgo de los entonces comandantes de las Fuerzas Militares, el general Jorge Enrique Mora Rangel, del Ejército Nacional; el general Carlos Ospina Ovalle y el general Reinaldo Castellanos, de la Quinta División,  que fueron los encargados de diseñar la estrategia general que debían seguir las Fuerzas Militares. Se buscaba la derrota definitiva de los principales grupos armados ilegales, en especial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), que en ese entonces eran una de las principales amenazas para la Nación.

 

Así, por disposición del Ministerio de Defensa y el Comando General de las Fuerzas Militares, se conformó una Fuerza al mando del general Reinaldo Castellanos. Esta Fuerza, asimilada a un comando específico, estaba compuesta por hombres de la Quinta División y el apoyo de la Fuerza de Despliegue Rápido para reforzar la operación con todas sus brigadas móviles; además, contaba con componentes de la Fuerza Aérea: aviones de apoyo cercano y de transporte1.

Una vez realizados los preparativos finales y alistadas las tropas, el 1 de junio del 2003 se llevó a cabo el respectivo despliegue de las unidades sobre un extenso teatro de operaciones que cubría el departamento de Cundinamarca —Donde se realizó el esfuerzo principal de la Operación— y el aseguramiento de varios de los cascos urbanos de 114 municipios de Boyacá, Tolima, Caldas y Santander, complementado con la consolidación del programa de soldados campesinos, llamado «Soldados de mi pueblo», el cual tenía la finalidad de prestarles protección a las poblaciones bajo influencia de los grupos armados, y disuadir a las columnas guerrilleras para impedir acciones ofensivas y tomas de los municipios.

 

Inicialmente, cada una de las brigadas pertenecientes a la Quinta División del Ejército y a las tres brigadas móviles de la Fudra2 comenzaron a realizar acciones de combate irregular con grupos pequeños y de alta movilidad que permitían cubrir una mayor porción de territorio y confrontar las principales estructuras subversivas, como el Subbloque Occidental de las Farc, al mando de alias Marco Antonio Buendía, hombre de amplia trayectoria dentro de la organización, y alias el Zarco Aldinever, comandante el Subbloque Oriental, principalmente en las zonas del occidente de Cundinamarca, el Sumapaz, el oriente del Tolima y el Guavio.

 

Durante los primeros meses, después  haber iniciado la operación, se presentaron múltiples enfrentamientos y hostigamientos por parte de los subversivos, quienes trataron de frenar por medio de  emboscadas y el uso de explosivos el avance de las tropas del Ejército, en un teatro de operaciones caracterizado por la variedad de relieves y climas, que contrastan desde los más cálidos hasta los de más bajas temperaturas, propios de la cordillera Oriental  y de los parques naturales nacionales de Chingaza, así como el del páramo de Sumapaz3.

La presión sobre las columnas guerrilleras se mantuvo por varios meses, hasta que el 31 de octubre se dio la baja significativa de Marco Aurelio Buendía, encargado por el Mono Jojoy de llevar a cabo la ofensiva final sobre Bogotá. Así mismo, hombres de la Fuerza de Despliegue Rápido, en la zona rural de Topaipí (Cundinamarca),  neutralizaron en el mes de noviembre  a alias Manguera, cabecilla del Frente Manuela Beltrán de las Farc, y a uno de los hermanos de alias Romaña4.

 

Estos golpes afectaron de manera visible la moral de los subversivos, porque los combates no cesaban, y el número de desertores entre las filas de la guerrilla fue aumentando con los días, al igual que el desconcierto de sus cabecillas, quienes no tenían presentes las capacidades operacionales del Ejército para llevar acciones militares y de acción integral por tiempos tan prolongados. Estos elementos resultaron decisivos para quebrantar la voluntad de lucha de la guerrilla, de lo cual resultó que muchos de los cabecillas de los frentes fueran capturados o abatidos por la acción de la Fuerza Pública.

 

Los resultados de Libertad I fueron contundentes. Durante más de seis meses de acciones militares (hecho inédito en la historia de la institución, dada la prolongación en el tiempo) se neutralizaron 600 subversivos y se incautó una importante cantidad de armamento y explosivos, hechos que reafirmaron la victoria de las Fuerzas Militares en Cundinamarca.

Para enero del 2004, la Fuerza Pública había asegurado la gran mayoría de municipios en Cundinamarca al igual que en la capital de la República, con el desmantelamiento de más del 90 % de las estructuras subversivas sobre el departamento, forzando a los remanentes de esta guerrilla a regresar a sus zonas de retaguardia en el departamento del Meta. De esta manera, la Operación Libertad I marcó un antes y un después en la historia de las Fuerzas Militares, cuyos resultados representaron para las Farc un retroceso en su plan estratégico para la toma del poder, seguido del desplome de su espíritu de lucha y capacidad ofensiva sobre el departamento de Cundinamarca y zonas aledañas a la capital de la República.

 

Así mismo, los resultados favorables obtenidos durante la operación Libertad I permitieron afianzar el camino para el desarrollo posterior de la segunda fase del Plan Patriota sobre las zonas de retaguardia estratégica de la guerrilla, el mismo corazón de las Farc y sede de su secretariado.

Foto. General Reinaldo Castellanos en Operación Libertad I, junio-diciembre del 2003

1 Ospina Ovalle, Carlos Alberto. Los años en que Colombia recuperó la esperanza. (Medellín, Pontificia Universidad Bolivariana), pp. 340-341. 2014

2 Ariza Joaquín, Moreno César. Fudra, Fuerza de Despliegue Rápido. La materialización del heroísmo, dedicación y honor del soldado colombiano en el conflicto. Bogotá: Editorial Ibáñez. pp. 162-163. 2018

4 Ibíd. 163

3 Ibid.