La Equidad De Género En El Ejército Nacional Colombiano

 Desde Una Perspectiva Sociojurídica

Por CT Mayerling López Echeverri

Juez Penal Militar1

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El concepto «equidad de género» como derecho fundamental de la igualdad, a pesar de estar incluido en el ordenamiento jurídico colombiano, con desarrollo normativo internacional, y pocas leyes nacionales, desafortunadamente en la realidad social es una simple retórica. Sin embargo, el papel de la mujer en el ámbito castrense, donde existe una construcción sociológica de connotación masculina, refleja la lucha de lograr una efectiva integración igualitaria del personal femenino en la institución militar, y el Ejército Nacional de Colombia se ha esmerado en ello.

 

En ese sentido, la sociedad, como ente mutable y versátil, ha generado el concepto de «género», diferenciándolo del vocablo «sexo», para hacer referencia a tipo de relaciones que se instauran entre hombres y mujeres, con base en roles, características y oportunidades que el grupo social asigna a cada uno (Conferencia de Beijin, 1995). Esto culturalmente identifica diferencias según la categoría de género, excluyendo las particularidades biológicas.

 

En efecto, el Ejército Nacional históricamente ha sido conocido como una institución «machista», donde la mujer ha sido relegada por su morfología, al no ser considerada fuerte para generar ataque y defensa cuerpo a cuerpo, pero esta situación ha sufrido una importante transformación positiva desde la última década, dado que se ha implementado una cultura de respeto por la mujer militar, en atención a lo preceptuado en la Resolución 1325 (Consejo de Seguridad de la ONU, 2000), en la cual se habla de expandir el rol de las mujeres en la Fuerza, destacando su liderazgo y participación en los diferentes cursos militares, así como en campaña.

 

Con referencia  a lo anterior, en sus inicios el papel de la mujer en el Ejército Nacional no fue considerado para el desarrollo de operaciones militares, únicamente para tratar asuntos administrativos y logísticos, siendo admitidas las primeras mujeres oficiales y suboficiales en el año 1976. Sin embargo, con el paso del tiempo, su capacidad intelectual y destreza física en el área militar ha demostrado mística y abnegación, como cualquier hombre lo haría en el ámbito castrense.

 

Con esto, el 14 de enero de 2009 se da paso a la incorporación de las primeras mujeres oficiales de Arma,  y en el año 2017, a las primeras suboficiales de Arma, para establecer una política de equidad de género, con la opción hoy en día de pertenecer a las mismas especialidades que los hombres: Logística, Inteligencia, Comunicaciones, Artillería, Caballería, Infantería, Ingenieros Militares y Aviación, y desempeñarse como comandantes, suprimiendo barreras en el tema de comando.

 

De igual manera, la Ley 1861 de 2017 autoriza el sistema militar voluntario para mujeres; así, ellas podrán realizar tareas de apoyo logístico, administrativo, cultural o ecológico, dando cabida a la mujer soldado, al igual que a la oficial y suboficial.

 

Es de resaltar la posición que ha tenido el Ejército con el personal femenino al considerarlo en diversos programas de idiomas, especializaciones y maestrías en diversas carreras, fomentando su profesionalismo y empoderamiento para competir en igualdad de condiciones con el resto de personal de planta.  De igual forma, a partir del año 2016, el Ejército viene realizando la prueba de competencia «desafío de la mujer militar», con el fin de resaltar el espíritu competitivo y las capacidades físicas del personal militar femenino que lo integra.

 

En ese orden de ideas, a lo largo del tiempo, el rol femenino en la Fuerza ha dado fruto dulce, y se puede palpar con dos magnas mujeres que han logrado encumbrar lo más alto del escalafón, es decir, con que hayan llegado al grado de general, lo que se traduce en ser ejemplo y voz de incentivo para todas las uniformadas que deseen llegar al sol dorado.

 

No obstante, en aras de transformar paradigmas en la cultura castrense, y evitar el flagelo de la «violencia de género», esta institución militar ha producido campañas como Cero Tolerancia a la Violencia contra las Mujeres, impulsando la conciencia en la «equidad de género», desde la educación, especialmente en las escuelas y centros de formación, mediante la implementación de centros de investigación sociojurídicos y academias en el tema. Así mismo, en el año 2016, con la creación de la Oficina de Equidad de Género del Ejército Nacional, y las directivas 0510, 0849 y 1020 se logró fortalecer la confianza entre las uniformadas para denunciar con confianza y libertad aquellos casos de violencia o acoso sexual o laboral que pueden suceder, con el fin de investigar y sancionar a los responsables desde el área penal y disciplinaria.

 

Sin embargo, aún falta un largo camino por recorrer a nivel institucional para alcanzar la eficacia del concepto «equidad de género», toda vez que en la actualidad resulta imperativo adecuar las instalaciones de las bases militares, alojamientos de cantones militares a las necesidades morfológicas femeninas, pensando en aquellas mujeres uniformadas que en un futuro cercano realizarán operaciones ofensivas y de control territorial, seguridad y defensa, que por su naturaleza implique patrullar con los soldados, como cualquier otro hombre lo haría.

 

También se requiere impulsar programas innovadores que permitan el ingreso de más mujeres a las filas, como sucedió en el año 2007 con el programa masculino Profarma; innovar en tecnología y técnicas militares para integrar a la mujer en el campo de batalla, para adaptar sus equipos y uniformes a la morfología femenina.

 

En ese mismo sentido también se debería contemplar la oportunidad de adelantar el importante curso de lancero al personal femenino, en complemento a las campañas que se realizan en las escuelas militares, como método de protección y sobrevivencia, y considerar como proyecto de ley la inclusión en el Código Penal Militar y el Régimen Disciplinario de delitos y faltas atinentes a la violencia de género con ocasión del servicio,  en aras de dar pautas a los operadores jurídicos militares para rechazar y castigar tales conductas.

 

1 Capitán del Ejército Nacional de Colombia, Juez Penal Militar con nueve (9) años de experiencia, abogada de la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín, especialista en Procedimiento Penal, Constitucional y Justicia Militar (UMNG), Magister en Derecho con profundización en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario (U. Sergio Arboleda), y alumna del Doctorado en Derecho de la Universidad de Buenos Aires.  Mayerlinglopez212@hotmail.com

Referencias

 

Abreu, M. L. M. (2006). La violencia de género: Entre el concepto jurídico y la realidad social. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, (8), 2.

 

Carvajal, J. (2011). La sociología jurídica y el derecho. Prolegómenos. Derechos y Valores, 14(27).

 

Conferencia Bejin,1995.

 

Conferencia Copenhague,1975.

 

Conferencias México,1980.

 

Conferencia Mundial para los Derechos Humanos Viena, 1993.

 

Conferencia Nairobi, 1985

 

Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer “Belém do Pará”, 1994.

 

Directivas Ejército Nacional, directivas 0510, 0849,  y 1020 de 2016.

 

Durkheim, E. (1997). Las reglas del método sociológico (Vol. 86). Ediciones Akal.

 

García, M. C., & Novales, T. P. Perspectivas socio-jurídicas sobre el derecho.

 

ONU, Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, 1993.

 

ONU, Resolución 1325, 2000.

 

https://www.ejercito.mil.co/?idcategoria=349399

 

https://www.eltiempo.com/mundo/medio-oriente//mujeres-en-el-ejercito-israeli/16135695

 

http://www.fuerzasmilitares.org/notas/colombia/ministerio-de-defensa/7432-mujeres-fuerza-publica.html

 

https://www.telesurtv.net/news/Solo-3--son-mujeres-en-las-fuerzas-militares-de-Colombia-20170302-0038.html